Consejos importantes para mejorar el ambiente familiar
- 1. Cultiva especialmente tu relación con tu esposa(o), esta es la clave de la unidad familiar.
- 2. Piensa, y evita actuar bajo la influencia de una reacción emocional.
- 3. Recuerda que el sentido del humor no consiste en reírse de los demás, sino en descubrir lo positivo en cualquier persona o circunstancia.
- 4. Perdona las faltas y errores de los demás, recordando que también tú te equivocas.
- 5. Participa en las tareas del hogar y procura que todos los miembros de la familia lo hagan.
- 6. Comenta principalmente las cosas positivas antes que las negativas.
- 7. Interésate por lo que ocurre o preocupa a tu esposa(o) y tus hijos.
- 8. Ofrece a los demás toda la ayuda que sea necesaria y posible.
- 9. Reconoce tus errores y faltas y pide perdón, aún a tus hijos.
Consejos
para fomentar la comunicación entre padres e hijos
1. Observa
el tipo de comunicación que llevas a cabo con tu hijo. Dedica unos días de
observación, libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una
grabadora en momentos habituales de conflicto o
de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones
difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las
previsiones ideales.
2. Escucha
activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de tus hijos. Valora
hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estás realizando; en cualquier
caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no
menospreciar su necesidad de comunicación.
3. Presta
atención a las solicitudes de tus hijos. Si no podemos prestar la atención
necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo
para más tarde. Podemos decir simplemente: dame 10 minutos y enseguida
estoy contigo. Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de
espera.
4. Responde
de maneras distintas. Evita el empleo del mismo tipo de respuestas de forma
sistemática para que nuestro hijo no piense que siempre somos autoritarios,
que le hacemos sentir culpable, que le quitamos importancia a las cosas o le
damos sermones.
5. Deja
las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy los padres no hemos sido un modelo
como comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma
de comunicación que revertirá en un bien para nuestra familia, suavizando
o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.
6. Cambia
o mejora hacia una comunicación más abierta. Es aconsejable establecer un
tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, para valorar si funciona
o no y si debemos modificar algo más. Los padres tenemos los hábitos de
conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y,
sobre todo, paciencia (¡con nosotros mismos!).
La familia Feliz
¿Hogar
dulce hogar? A veces las relaciones de convivencia están más cerca del vinagre
que de la azúcar y las mieles. Ninguna familia es un lecho de paz las 24 horas
del día. De hecho ningún ambiente dónde convivan estrechamente dos o más seres
humanos puede serlo, debido a los diferentes caracteres, intereses y formas de
entender la vida.
Pero existen algunas pautas para preservar el afecto, la alegría y satisfacción en las relaciones más intensas y a la vez más difíciles, también gratificantes y enriquecedoras que mantenemos en nuestra existencia: las que mantenemos cotidianamente con nuestros parientes más cercanos.
En la familia conviene que no haya "vencedores ni vencidos", porque como dice un viejo proverbio "la mejor victoria es aquella en la que ganan todos". El secreto para conseguirlo tiene tres fundamentos: armonía, equilibrio y comunicación.
Trata a tus familiares como lo harías con un amigo. Evita reservar sólo la parte más sombría de ti -es decir tus quejas, tu cansancio, tu impaciencia, tus malos momentos, tus enojos- para dedicársela a la gente que más quieres.
Diles cuánto los quieres. Las relaciones familiares al igual que las amistosas, deben ser cultivadas y regadas con respeto, tolerancia, demostraciones de afecto y alegría compartida. Muchas veces cuesta decir "te quiero", pero estas simples palabras demuestra mucho.
“No a la televisión” mientras se come. La TV tiene una atracción casi hipnótica, que en ocasiones hace que se la vea como autómatas, sin importar demasiado lo que están poniendo. Aprovecha esos instantes para hablar con tus hijos y tu pareja e implicarte más en a vida familiar.
Controla los enfados y mantén la calma. En vez de dejarte arrastrar por la ira o el enojo, por el ego herido o las justificaciones "a la defensiva", que te alejan del asunto, procura mantenerte centrado en la solución, con serenidad y firmeza.
Todo debe hablarse. Si notas que te estás dejando llevar por la impulsividad, ¡pisa el freno! respira profundamente y vuelve a la búsqueda de soluciones y salidas, en lugar de obsesionarte con el problema. Discutir "en familia" las diferentes opciones para salir del aprieto, es un ejercicio que da resultados sorprendentes.
Pide perdón e intenta entender. En todas las relaciones estrechas y continuadas en las que es fácil "herir al otro", no basta con pedir disculpas sin demasiada convicción, sino que hay que ponerse en el lugar de la otra persona, desde el amor y el cariño, para comprenderla mejor y evitar volver a hacerle daño.
Algunos errores que tienes evitar. Recurrir a las agresiones o amenazas, revolver las cosas del pasado, hacer promesas que no puedas cumplir, intentar de arreglar la vida del otro, hablar en lugar de escuchar, decir las cosas a través de terceros, castigar a alguien por decir la verdad, querer tener siempre la razón. Si evitas estos comportamientos y actitudes, tu vida familiar comenzará a funcionar con menos conflictos y roces.
Pero existen algunas pautas para preservar el afecto, la alegría y satisfacción en las relaciones más intensas y a la vez más difíciles, también gratificantes y enriquecedoras que mantenemos en nuestra existencia: las que mantenemos cotidianamente con nuestros parientes más cercanos.
En la familia conviene que no haya "vencedores ni vencidos", porque como dice un viejo proverbio "la mejor victoria es aquella en la que ganan todos". El secreto para conseguirlo tiene tres fundamentos: armonía, equilibrio y comunicación.
Trata a tus familiares como lo harías con un amigo. Evita reservar sólo la parte más sombría de ti -es decir tus quejas, tu cansancio, tu impaciencia, tus malos momentos, tus enojos- para dedicársela a la gente que más quieres.
Diles cuánto los quieres. Las relaciones familiares al igual que las amistosas, deben ser cultivadas y regadas con respeto, tolerancia, demostraciones de afecto y alegría compartida. Muchas veces cuesta decir "te quiero", pero estas simples palabras demuestra mucho.
“No a la televisión” mientras se come. La TV tiene una atracción casi hipnótica, que en ocasiones hace que se la vea como autómatas, sin importar demasiado lo que están poniendo. Aprovecha esos instantes para hablar con tus hijos y tu pareja e implicarte más en a vida familiar.
Controla los enfados y mantén la calma. En vez de dejarte arrastrar por la ira o el enojo, por el ego herido o las justificaciones "a la defensiva", que te alejan del asunto, procura mantenerte centrado en la solución, con serenidad y firmeza.
Todo debe hablarse. Si notas que te estás dejando llevar por la impulsividad, ¡pisa el freno! respira profundamente y vuelve a la búsqueda de soluciones y salidas, en lugar de obsesionarte con el problema. Discutir "en familia" las diferentes opciones para salir del aprieto, es un ejercicio que da resultados sorprendentes.
Pide perdón e intenta entender. En todas las relaciones estrechas y continuadas en las que es fácil "herir al otro", no basta con pedir disculpas sin demasiada convicción, sino que hay que ponerse en el lugar de la otra persona, desde el amor y el cariño, para comprenderla mejor y evitar volver a hacerle daño.
Algunos errores que tienes evitar. Recurrir a las agresiones o amenazas, revolver las cosas del pasado, hacer promesas que no puedas cumplir, intentar de arreglar la vida del otro, hablar en lugar de escuchar, decir las cosas a través de terceros, castigar a alguien por decir la verdad, querer tener siempre la razón. Si evitas estos comportamientos y actitudes, tu vida familiar comenzará a funcionar con menos conflictos y roces.

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